El poder de la gamificación para transformar equipos. Entrevista a Rodrigo Borgia.

¿Cómo nació tu recorrido profesional y cómo llegaste a la gamificación?
Vengo de la industria de los call centers y contact centers, un entorno completamente distinto al mundo del juego. Trabajé muchos años en el Banco Santa Fe y en Hewlett Packard (HP), en Buenos Aires.
En HP vi por primera vez un proyecto de gamificación que se implementó en Reino Unido e Irlanda, y me voló la cabeza. Entendí que había reglas, métodos y una cierta magia para generar motivación en los equipos. Desde entonces supe que quería llevar eso a nuestro lado del mundo.
Vi cómo el juego podía transformar la forma en que trabajamos y nos relacionamos, y ahí encontré mi camino. Después de muchos años en empresas, decidí dedicarme de lleno a la formación, la consultoría y el diseño de experiencias lúdicas. Hoy trabajo con organizaciones que buscan innovar, capacitar o fortalecer sus equipos desde un enfoque humano y creativo.
¿Por qué decidiste crear Gamifica Group?
Gamifica nace de una filosofía: si vamos a pasar un tercio de nuestro día trabajando, ese tiempo debería tener sentido y ser disfrutable.
Creo que el trabajo puede y debe incluir el componente lúdico: desafíos, logros, recompensas y satisfacción. No es solo diversión, es propósito. Hay cientos de formas de liderar personas, pero esta (la del juego) es la que más sentido tiene para mí.
Gamifica busca mostrar que se puede gestionar lo emocional en el trabajo de una manera diferente, más humana y motivante.
Si tuvieras que definir tu propuesta de valor en una frase… ¿cuál sería?
“Busco que lo lúdico dentro de lo laboral se ponga en práctica en serio.”
¿Qué soluciones ofreces a las empresas, especialmente en el sector del iGaming?
Las operaciones de casinos, como los call centers o la comida rápida, son industrias con alta rotación. Si logras que un empleado se quede tres meses más, estás ahorrando casi un 60% de costos.
Lo que hacemos es ayudar a las empresas a mejorar la vida del empleado dándole propósito. No se trata solo de “te pago por estar aquí”. Los juegos permiten definir un rumbo, generar aprendizaje a través del error y fomentar compromiso.
Trabajo con consultoría de procesos vinculados al talento, capacitaciones gamificadas y actividades de team building con Lego Serious Play. En todas, el juego es el medio para desarrollar comunicación, motivación y sentido de pertenencia.
¿Cómo defines la gamificación?
La definición técnica es el uso de elementos lúdicos en contextos no lúdicos. Pero para mí va más allá de los puntos o recompensas: se trata de generar propósito.
Cuando involucras mecánicas de competencia, cooperación y desafío dentro de un equipo, todo cambia. El juego bien diseñado activa procesos neuroquímicos (dopamina, motivación, aprendizaje), que hacen que el trabajo tenga más sentido.
Si la pasas bien en tu trabajo, resuelves los problemas. Si la pasas mal, por más que te paguen bien, te vas.
¿Puedes compartir algún caso concreto de impacto en una empresa?
Sí, uno muy claro fue con PwC. Tenían una cifra elevada de ausentismo en una época crítica del año. Diseñamos un programa con charlas y desafíos gamificados, y cerramos con un taller Lego Serious Play para que los equipos expresaran cómo se sentían. Logramos reducir el ausentismo y mejorar el sentido de pertenencia. No es que nadie se fue, pero muchos más decidieron quedarse. Entendieron que formaban parte de algo más grande.
¿Por qué el juego tiene tanto poder sobre las personas?
Porque somos adictos naturales a la dopamina. Nos gusta que nos reconozcan, que nos digan “bien hecho”, superar niveles, ganar logros. Todo eso genera dopamina. El juego aprovecha ese mecanismo y lo transforma en motivación. Lo importante es usarlo bien: diseñar sistemas que te desafíen, te reconozcan y te inviten a superarte. No se trata solo de premios, sino de crear el contexto para que quieras mejorar.
¿Cómo haces para que la gamificación se mantenga en el tiempo dentro de las empresas?
La clave está en la continuidad. Con algunos clientes trabajo hace más de cinco años. No hacemos cosas radicalmente distintas, pero sí las renovamos. Pequeños cambios como trivias, insignias y reconocimientos mantienen vivo el interés sin aburrir. El secreto es que la mecánica evolucione, pero el espíritu del juego se mantenga.
¿Cómo se innova hoy en gamificación?
Lo primero es entender qué tipo de jugadores tienes. Hay socializadores, exploradores, ganadores y asesinos (según Richard Bartle). Si tu equipo está lleno de “asesinos”, nunca vas a tener colaboración. Entonces hay que alinear los incentivos con la cultura y los objetivos. Innovar no siempre es inventar algo nuevo, sino diseñar mejor los estímulos que generan compromiso.
¿Qué cambió con la pandemia en los equipos de trabajo?
Antes de la pandemia todo era presencial; después, todo fue digital. Hoy estamos en un punto intermedio: 60% presencial, 40% virtual. La gente se ha cansado un poco de lo virtual. Quiere volver a encontrarse. Pero lo digital sigue siendo útil para mantener la conexión cuando hay equipos dispersos. Lo ideal es combinar ambos mundos: usar lo virtual cuando aporta, y potenciar lo humano cada vez que sea posible.
¿Cómo medís el éxito de los programas de gamificación?
Depende del cliente. Algunos miden rotación, otros ausentismo o tasas de finalización de cursos. Pero más allá de los números, hay un indicador clave: el nivel de compromiso. Cuando una persona siente orgullo, se divierte, aprende y se queda, ahí está el verdadero resultado. Lo lúdico no reemplaza lo productivo; lo potencia.
¿Hay algo nuevo en camino que puedas adelantar?
Sí, primicia exclusiva para iGaming México: el año que viene lanzo “Vivir en estado play”, un programa para aplicar la gamificación de forma seria y práctica. El objetivo es enseñar a profesionales y organizaciones cómo crear entornos de aprendizaje donde el error sea parte del crecimiento, a través de desafíos, misiones y objetivos crecientes. Aprender jugando, pero en serio.




